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Sacrificar a la Dama E-Mail

La cabeza del hipocampo es muy parecida a la de la figura del caballo en el juego de ajedrez y, en este juego, es muy común sacrificar a la dama para mantener a salvo al rey. Una simple estrategia llevada a cabo con el único fin de ganar la partida.
En el fondo del mar esta estrategia forma parte de la vida misma de los caballitos de mar. La conducta procreadora de este pequeño animal, típico de una fábula, es única en el reino animal. La hembra depositará alrededor de doscientos pequeños huevos en la bolsa incubadora que el macho posee en su abdomen. Una vez hecho el depósito la hembra se aleja dejando la puesta bajo la absoluta responsabilidad del macho y desentendiéndose en absoluto de la situación.
Poco a poco la bolsa de incubación del macho se va cubriendo de una capa esponjosa que es lo que hará que los embriones reciban su necesario suministro de oxígeno y sustancias nutrientes. Al cabo de cuatro semanas el macho se anclará por medio de su cola prensil a un alga del fondo y comenzará con las contracciones del parto. Empleando su máxima fuerza muscular contrae la cola contra el vientre y se agita de un lado a otro. Al cabo de pocos minutos la primera cría, una copia en miniatura de sus padres, saldrá con fuerza por el orificio que presenta la bolsa. A medida que las crías nacen el orificio se va haciendo mayor y después de las primeras 40 expulsiones las crías comienzan a salir en grupos de 15 o 20 individuos.
En tanto la madre, que parece no tener ninguna relación con este acto, está desarrollando un papel fundamental en el futuro de las crías. Las hembras de hipocampos suelen ser bastante más grandes y sus colores son muchos más brillantes y llamativos que el de los machos. Por esta razón la hembra puede ser descubierta y devorada por sus enemigos, peces carnívoros y crustáceos, con mayor facilidad que el macho que es más pequeño y presenta colores menos llamativos, casi como un camuflaje azul grisáceo. De esta manera la hembra se sobre expone para distraer la atención preservando al macho y a las pequeñas crías. La naturaleza compensa este déficit haciendo que, en el momento del nacimiento el número de hembras supere, con mucho, al de los machos.
La famosa fidelidad entre el macho y la hembra no es más que un mito. En los acuarios los machos suelen morir después del parto, en libertad algunos logran vivir muy debilitados. Los encuentros entre machos y hembras suelen ser fortuitos sobre todo debido a la gran mortandad de hembras debido a la sobre exposición. Si el macho sobrevive al parto, aceptará los huevos de otra hembra para volver al ciclo reproductivo, en tanto que una hembra puede servir a varios machos a lo largo de su corta vida.
Al momento del nacimiento las diminutas crías buscan inmediatamente el refugio en el fondo alejándose inmediatamente del padre que pudiera confundirlas con alimento. A partir de ese momento comenzará su solitaria vida intentando escapar del peligro de un ambiente demasiado agresivo para un animal tan lento y delicado.
En este momento, en algún lugar del planeta líquido, una diminuta cría de hipocampo de apenas nueve milímetros de longitud acaba de nacer y busca refugio entre las algas del fondo. Su pequeño corazón late acelerado por el miedo a un mundo enorme y hostil. En sus genes conserva las instrucciones del juego de la conservación de las especies donde sobrevivir es la regla y sacrificar es la estrategia que conduce al éxito. Donde a veces es necesario perder un individuo para mantenerse en el juego de la vida.


Tito Rodriguez (Instructor Trainer de SSI)